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Voltereta Saudade

Le muestra la carta, salta el conejo, le susurra las palabras mágicas, la parte en dos, le cierra los ojos, le quita el aliento. La vida habia sido una marea constante desde que un día de Junio ambos caminaban por el barrio amarillo. Ella venia del sur, caminando lentamente contemplando el detalle de la nada, la noche no habia terminado aún cuando ya eran las once de la mañana. Tenia mucho de ruido y confusión dentro, a menudo miraba al piso, a menudo se mordia los labios. Él venia corriendo, el norte habia sido siempre su lugar de refugio, pero ahora estaba saliendo de su rutina, las cartas mágicas que usaba para la función se habian doblado, desgarrado, descolorado, era hora de buscar novedad. Y de pronto los ojos, y de pronto las manos y de pronto se vieron y los dos buscandose por años. Es extraña la fusión que se da cuando la melancolía conoce a la euforia. Ambas se disimulan, se palpan, se amoldan de a pocos, y luego de ello, sólo erupción y tornado, alguna épica batalla, alguna inusitada pasión, alguna esperada calma. Y luego de eso nada, y luego de eso tal vez todo.



"Volvernos locos, ahora, tal vez, quizás"