Y dile a tu sonrisa menguante que tus ojos luna llena estan hechos para soñar.
Humana caveam
Ella bailaba a dos tiempos, su mirada agua marina jugaba silenciosamente con la lluvia de aquel día. Era Abril y era 23, la noche no tardaba en llegar igual que alguna incomoda verdad. Chopin en la inercia, alguna pintura suya en el espacio. Hugo le hablaba pero ella no escuchaba, ella giraba sus piernas al modo de su pensamiento y la música hilaba su títiritante ser. Ana le gustaba ver el mundo pasar tan rápido como para que las lineas, las formas y los colores se pierdan tranquilamente en una sola armonía imprudente. Por eso la ventana abajo cuando conducía en carro y la aceleración acostumbrada, por eso las montañas rusas de antojo y por eso hoy bailaba dando muchas vueltas de puntitas. Hugo la miraba. Solo pensaba que se iba a marear, que podría hacerse daño, que podría hacer otra cosa con ese tiempo, que ya no le emocionaba, que creciera. A veces no entendía porque paraba en este mundo nube, tan huérfana de preocupaciones. En su mente, Ana cantaba alguna letra inventada, las rimas y su voz en off. La vida luego de eso transcurrió rápidamente Hugo ya no estaba ahí, ya no había colores, todo se volvió un solo inerte color oscuro, los pensamientos se bloqueaban, la luz se difuminaba, sus manos ahora pies, su vestido ahora piel y ella desapareció también. Habia cerrado los ojos y ese compás a respirar color y vivir bajo su propio reloj, paró. Hugo tomando café, feliz que por fin terminara, ahora compraría el pan y el queso azul. Y Ana, Ana desorbitada salió al jardín y voló.
Luna turca
Luces corrian hacia ellas y se volvian lineas. En el grito de "llevame en tu delirio al tiempo que encuentre valor" se vivia la calma, las historias, las palabras. Lo que no se dijo en tantos años ahora cobraba sentido pero perdian vigencia. Se perdonaron. Ella ya no tenia 25 años menos que Lucia, ahora ellas eran de la misma edad en el alma y cantaban. Cantaron tanto que se les oia a una misma voz, nunca se habian puesto de acuerdo en nada y no en mucho eran felices juntas, pero ahora se encontraban sonrientemente una frente a la otra, y la oscuridad no sentenciaba, la oscuridad aguardaba atenta a la armonia que se construia, a la armonia que era timida y tenia tal vez miedo a terminar.
Y lo que era comun para todos, Lucia agradecia.
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