Miró sus manos y las vió llena de arrugas y manchas de pintura de años atrás. El agua no habia tocado su cuerpo ni su alma hace mucho tiempo. Sus zapatos eran como de cristal. Ella subió la escalera de la casa de sus recuerdos, la misma alfombra, el mismo empapelado, la misma mancha de acrílico verde sobre el mantel de la mesita de café. Ahora ella llevaba el pelo larguisimo como un rio y lleno de canas, pero la niña que ella veia en los cuadros lo llevaba corto y algo ondulado. Miraba el vestido, miraba la silla en donde habia jugado tanto, habia visto el papel con crayolas llena de polvo mágico de ese entonces y había una sonrisa. Ella recordaba todo pero no su sonrisa. ¿Cómo era posible? Era como si fuese un cuadro que algun pintor quiso plasmar de manera fiel a la realidad, pero que sólo por ironía habia cambiado un detalle, ese pequeño detalle que nadie notaría, que todos olvidarían, pero ella, talvez en ese momento, despues de tantos años, se daría cuenta.
Entró a su cuarto azul, estaba aún iluminado por el sol a través de su ventana. Recorrió con la mirada y sus pasos la habitación, cada segundo era como si imagenes de risas infantiles y penas adolescentes se posaran vívidamente en su mente. El estante de libros estaba llena de polvo y olvido, las palabras que ella conocía ahora solo eran parte de algún tiempo que parecia inventado. Encontraba todo en ese lugar tan familiarmente desconocido, que sintió la necesidad de echarse por un momento sobre el piso para descansar de ese viaje tan largo desde su trabajo hasta su pasado. Sus ojos observaban distantes sus recuerdos, no dejaban que el color de las paredes se incrustancen en su mente como semillas a punto de florecer. No. Ella no recordaba a la niña que jugó alguna vez en ese casa, sobre ese piso, sobre ese tiempo, pero sabia que la conoció, aún sentía que le caia bien.
Cerro los ojos y estrecho sus manos separandolas de su cuerpo, aún lo seguía haciendo. De pronto su mano tocó inesperadamente una caja blanca, se paro y la observó. Tenía un relojito en una esquina, era rojo y alrededor muchos osos, caminando talvez. Le dio vuelta algo curiosa, y vio una palanquita. Le dio un giro, y una musica tenue empezó a sonar. La melodía no solo embargaba el espacio, sino que subitamente la invitó a posarse sobre el piso nuevamente. Eran lagrimas lo que salian de sus ojos, era ella tarareando esa melodía. Eran sus brazos abrazando el sol, era ella y alguna antigua voz. Sentía como esa niña de vestidito morado se le acercaba y le contaba despacito y riendose las muchas veces que se tropezaba al caminar y bailaba cuando la musica dejaba de sonar. Sentia un calor en sus manos que le invitaba a soñar hacia atrás, eran las manos de su mama casi siempre frias, el pasto en forma de palitos en el jardín de su abuela, los clavos en el cuarto secreto de papá, las canicas escondidas en la esquina del portal, sentía el cielo y las nubes y mucho papel celofán. Y la niñita agarro su mano, se la puso sobre su corazón. Sus latidos se sentían en todo su cuerpo, su sonido se combinaba con la melodia que producía la caja musical. Algunas palabras le dijo al oido y luego de eso, una sonrisa en su mirar.
Viento a soledad
Sonreiste una vez mas con esa fuerza conmovedora en tus labios, yo solo te veia de reojo, a veces intensamente, muchas veces con alguna lagrima pero siempre despidiendome. Podia sentir un grito en mi mente y un silencio en mi corazon. Esas manos, que antes habian sido mias, que habias tocado cada fibra de mi inmensidad ahora estaban cerradas al tiempo y a mi. Habiamos hecho esto muchas veces ya, yo siempre sentada en este banco de madera junto a la ventana, retratando a carboncillo tu loca mania de abrigarme con la mirada. Siempre nos tomaba un par de horas en la tarde. Solias nunca dejarme terminar. A veces te echabas a reir sin motivo, y me distraias con alguna historia mia, la noche se nos pasaba recordando entre cigarros y melodias; otras tantas me decias que no podias mirarme tanto, tenias miedo a sumergirte en mi delirio, en mi suerte y mi destino, mis ojos para ti eran como un universo, infinito de sue;os que morias por cumplir. Muchas mas, te paraste de tu lugar, me abrazabas con profundidad y me besabas hasta el amanecer. Y aun que en habito se convirtio el nunca terminar mis cuadros, me sentia ciertamente bendecida de que cada dia terminara con una sonrisa.
Pero hoy habia sido un error, no habiamos hablado desde que llegaste, solo te sentaste con una mirada diferente con muchas ideas de mas. La lluvia que acompa;aba la tarde habia impregnado en ti su turbio estupor. Yo descifraba si te encontrabas en algun libro de Goethe o caminando por el puente de Abril, lo unico que sabia era que te sentia en todos los lados, menos aqui. Empece a retratar tu cabello, me solia gustar ese olor a hierbabuena que me hipnotizaba hasta que te fueras, que me prometiste que seria mio hasta que el mundo nos de vueltas. Volvi sobre tu nariz, la que sentia tan cerca mio cuando nos reiamos, la que besaba luego de cada mirada que me derrumba el alma de amor. La oscuridad avanzaba y tus pomulos se volvieron mi especialidad, podia cerrar los ojos y recordar cada lunar en su lugar, las veces en que mis dedos se adormecian con tu piel, las mismas que de madrugada bese. Retratar tus labios era darme cuenta que aun que estuvieses conmigo era no tener tu presencia. Los veia tan lejanos, como sin permiso para acercarme a ellos, como si de pronto la distancia no se midiera por mi proximidad sino por tu voluntad.
Habia llegado a los ojos, esa mirada que habia sido como un oceano para mi, en donde solia nadar y solia vivir, ahora no eran mas que vidrios rotos sobre la alfombra, dificil de limpiar, con la certeza de que por siempre me iria a lastimar. Podia sentir el vacio al darme cuenta que no podia alargar mas la espera: habia terminado aquel retrato que nunca llegue a concluir meses atras. Los pasos hacia la puerta en mi cabeza me estrujo el corazon. Ya nos veiamos caminar separados, tu mas despacio y yo muy rapido, veia nuestras diferencias pronunciarse cada vez mas y crearnos viento y soledad.
Pero tu ya estabas al lado mio, me estabas esperando con rubor en tus palabras, me besaste los ojos, me callaste la mirada, me robaste el aliento y me regalaste otro intento. Tus manos escuchaban mis latidos y solo pronunciaste "soy de ti, no del viento"
pd. Tildes omitidas.
Pero hoy habia sido un error, no habiamos hablado desde que llegaste, solo te sentaste con una mirada diferente con muchas ideas de mas. La lluvia que acompa;aba la tarde habia impregnado en ti su turbio estupor. Yo descifraba si te encontrabas en algun libro de Goethe o caminando por el puente de Abril, lo unico que sabia era que te sentia en todos los lados, menos aqui. Empece a retratar tu cabello, me solia gustar ese olor a hierbabuena que me hipnotizaba hasta que te fueras, que me prometiste que seria mio hasta que el mundo nos de vueltas. Volvi sobre tu nariz, la que sentia tan cerca mio cuando nos reiamos, la que besaba luego de cada mirada que me derrumba el alma de amor. La oscuridad avanzaba y tus pomulos se volvieron mi especialidad, podia cerrar los ojos y recordar cada lunar en su lugar, las veces en que mis dedos se adormecian con tu piel, las mismas que de madrugada bese. Retratar tus labios era darme cuenta que aun que estuvieses conmigo era no tener tu presencia. Los veia tan lejanos, como sin permiso para acercarme a ellos, como si de pronto la distancia no se midiera por mi proximidad sino por tu voluntad.
Habia llegado a los ojos, esa mirada que habia sido como un oceano para mi, en donde solia nadar y solia vivir, ahora no eran mas que vidrios rotos sobre la alfombra, dificil de limpiar, con la certeza de que por siempre me iria a lastimar. Podia sentir el vacio al darme cuenta que no podia alargar mas la espera: habia terminado aquel retrato que nunca llegue a concluir meses atras. Los pasos hacia la puerta en mi cabeza me estrujo el corazon. Ya nos veiamos caminar separados, tu mas despacio y yo muy rapido, veia nuestras diferencias pronunciarse cada vez mas y crearnos viento y soledad.
Pero tu ya estabas al lado mio, me estabas esperando con rubor en tus palabras, me besaste los ojos, me callaste la mirada, me robaste el aliento y me regalaste otro intento. Tus manos escuchaban mis latidos y solo pronunciaste "soy de ti, no del viento"
pd. Tildes omitidas.
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