- Alas de mariposa - Ella pensaba en voz alta, mientras miraba al rededor.
Él caminaba sin mucha gracia, algo torpe y a veces cojeando. Miraba distraído todo cuanto lo rodeaba, y sin embargo parecía que todo le fascinara. La vida de las hormigas, a donde iban a parar, cómo se mueve las hojas, como el sol cambia de color a las cosas, como una sola cosa pueden ser tantas otras.
Paloma se había dado cuenta que tal vez él nunca se había visto al espejo, ¿cómo es que andaba así, tan humildemente cabizbajo caminando por el mundo, sin reír por ese color tan inimitable? No lo sabia.
Ella quería encontrarlo de nuevo, ese espectro no se olvida nada más, a esa gracia hay que tenerla de cerca, hay que verla de a poquitos, con el tiempo como aliado en el hombro, con luz especial y a detalle.
Ella esperó a que fuese jueves otra vez, pero ya era diciembre. Caminó por el parque azul por donde lo encontró por primera vez, él siempre pasaba por aquí a la misma hora. Ella se sentó en aquella banca, leyendo el mismo libro, usando la misma ropa, evocando hasta los mismos pensamientos. Tal vez si repetía exactamente lo que sucedió aquel día, podría sentir nuevamente esa sensación de elevación profunda al verlo.
Lo vió.
Y tal vez hay momento en la vida en que las palabras existentes se vuelven casi insuficientes para describir minimamente la sensación de ese instante.
Leislei sariabellei sintiripiasinic lajnuk imper jiarun
Caminó detrás de él. Era noche, y ella tenía la particularidad de camuflarse a la perfección, tal vez este era su don. Él subió por un árbol a su casa, ella trepó también. Ella aguardó a sus próximos movimientos: él poniendo música, luego durmiendo.
Entonces se puso los guantes sin hacer ruido. Caminaba sigilosamente entre la oscuridad, no quería dejar constancia de que ella estuvo ahí pero quería saborear el momento y lo veía. Caminó hacia él y con lupa, la luz de la noche dejaba mirar sus lunares caprichosamente destendidos por su cara, luego brazos, sus dedos luego pies. ¿Qué color era ese? Tornasol total. Se quedó observándolo largamente, las preguntas encallaban en ella cuando más atención le ponía, ¿cuales eran esas razones por las que sus músculos ideaban una sonrisa? ¿o cuales los motivos listados en el cerebro para llorar? ¿Con que caras sueña? ¿A donde quiere llegar?
De pronto salió de esa navegación a este ser, para ver su hábitat donde en realidad no encontró mucho y sin embargo ella seguía fascinada con la posición de cada objeto que él había dispuesto. Y no habían espejos. Ninguna sola superficie reflectante en el que pudiera ver su ser y reconocerse, asombrarse.
Entonces ella salió de la casa, corrió por las calles de madrugada, y sacó todos los espejos que tenia en su casa, los rompió en pedacitos pequeños y las pego en una manta blanca. Salió a la casa de él con la manta en mano y al llegar, se la puso encima cual vestido y se quedó esperando afuera del árbol.
Paloma se había quedado dormida y él estaba observándola.
Ella abrió los ojos, sorprendida lo miró y miró su vestido. Él no estaba. Ella sorprendida entendió que no hay mas dicha que sólo existir en los ojos de los demás
